Encélado, la luna de Saturno que escupe agua al espacio
Encélado lanza chorros de agua al espacio desde su polo sur. Bajo el hielo tiene un océano salado que cubre toda la luna. Qué se sabe y qué no.
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La luna que escupe agua al espacio
Con ilustraciones hechas con IA, marcadas en pantalla
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2 vídeos de mi canal. Debajo de cada uno, su apartado en el texto.
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La luna que escupe agua al espacio
Con ilustraciones hechas con IA, marcadas en pantalla
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De Venus a un agujero negro: 10 cosas que parecen falsas
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La luna de Saturno que escupe agua al espacio se llama Encélado. Por unas grietas de su polo sur salen chorros de vapor de agua y granitos de hielo a unos 1.300 km/h. Esa agua viene de un océano salado que tiene escondido bajo el hielo, y que cubre la luna entera.
Lo sabemos porque una sonda de la NASA, Cassini, pasó volando por dentro de esos chorros y analizó lo que llevaban.
¿Qué es Encélado y por qué es tan blanca?
Es una luna pequeña de Saturno: mide unos 500 km de lado a lado, lo que hay de Madrid a Barcelona en línea recta. Está cubierta de hielo tan limpio que es la superficie más blanca del Sistema Solar, la que más luz devuelve de la que le llega. No es lo que más brilla en el cielo, porque es pequeña y está lejos. Es lo más blanco.
¿Por qué Encélado lanza agua al espacio?
Porque el hielo de su polo sur está roto. Los científicos llaman a esas grietas «rayas de tigre», y son menos frías que el resto de la superficie, aunque siguen muy bajo cero. Por ahí se escapa el agua del océano de abajo.
Allí el hielo es fino: podría tener solo entre 1 y 5 km de grosor, cuando la media en el resto de la luna es de 20 a 25 km. Es como si el océano estuviera tapado por una tapa fina justo en ese punto.
Cassini descubrió los chorros en 2005. En 2023 el telescopio James Webb midió hasta dónde llega el vapor: una columna de más de 9.600 km, unas veinte veces el tamaño de la luna. Salen unos 300 litros por segundo: una piscina olímpica en un par de horas.
¿Qué encontró Cassini dentro de los chorros?
Vapor de agua, sales y sílice (el mineral de la arena), y gases como dióxido de carbono y metano. También moléculas orgánicas, las que llevan carbono, y en una cantidad unas 20 veces mayor de lo que se esperaba. Con todo eso, la NASA concluyó que los chorros salen de un océano global.
Ojo: que haya moléculas con carbono no quiere decir que haya vida. El carbono también está en cosas que nunca han estado vivas.
¿Podría haber vida en Encélado?
Tiene lo que la vida necesita en la Tierra: agua líquida, sales y moléculas con carbono. Lo que falta es la prueba, y nadie la tiene. Por eso la NASA pone a Encélado entre sus mundos con océano, los sitios donde más sentido tiene buscar. En esa lista está también Europa, una luna de Júpiter con agua bajo el hielo.
¿A dónde va el agua que escupe Encélado?
Encélado está fabricando un anillo de Saturno. El hielo que lanza no vuelve: se queda dando vueltas al planeta y forma el anillo E. Una luna de 500 km alimentando un anillo de un planeta gigante.
En mi vídeo largo 10 cosas del espacio que parecen falsas Encélado es la cuarta parada, y en Orbit, mi juego de Android, es uno de los sitios por los que pasas camino de Saturno. Más datos en la página de Encélado. ¿Crees que algún día encontraremos vida debajo de ese hielo?
Los vídeos, uno a uno
La luna que escupe agua al espacio
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Con ilustraciones hechas con IA, marcadas en pantalla
Lo que digo en el vídeo
Hay una luna de Saturno que escupe chorros de agua al espacio. Se llama Encélado, mide unos quinientos kilómetros y los chorros salen de grietas en el hielo de su polo sur. La sonda Cassini atravesó esos chorros y confirmó que, debajo del hielo, hay un océano de agua salada. Por eso es uno de los mejores sitios para buscar vida fuera de la Tierra, junto a Europa, una luna de Júpiter que también esconde un océano bajo el hielo. Las dos son paradas obligatorias de Orbit, mi juego de Android. ¿Crees que encontraremos vida ahí? Te leo en comentarios.
De Venus a un agujero negro: 10 cosas que parecen falsas
Lo que digo en el vídeo
Hay un planeta donde podría llover cristal de lado, empujado por vientos de ocho mil setecientos kilómetros por hora. Y en dos mil veinticuatro, el telescopio James Webb encontró en su aire un gas que huele a huevos podridos. Ese planeta existe, y ni siquiera es lo más raro de este vídeo. Vamos a hacer un viaje desde la Tierra hacia fuera, cada vez más lejos. Son diez paradas, y en cada una se rompe una regla que en la Tierra damos por hecha. Venus, el planeta de al lado, es la primera parada. Y la regla que se rompe aquí es una de la Tierra, donde el Sol siempre sale por el este. En Venus, en cambio, el Sol sale por el oeste. Pasa porque Venus gira sobre sí mismo al revés que casi todos los planetas. Y gira tan despacio que, de un amanecer al siguiente, pasan casi ciento diecisiete días de la Tierra. Mientras el suelo casi no se mueve, las nubes dan la vuelta entera al planeta en unos cuatro días. Van con vientos de hasta trescientos sesenta kilómetros por hora. Es como si el planeta estuviera quieto y el cielo corriera a su alrededor. Venus está más lejos del Sol que Mercurio, y aun así su suelo está más caliente, a más de cuatrocientos sesenta grados. Ío, una luna de Júpiter, es la segunda parada. Y rompe otra regla de casa. En la Tierra, el suelo que pisas está quieto y es muy antiguo, pero en Ío sube y baja, y la lava lo cubre de nuevo sin parar. Ío tiene unos cuatrocientos volcanes activos. Es el sitio con más volcanes en marcha de todo el Sistema Solar. Y una luna, lejos del Sol, no debería tener tanto calor dentro. La culpa es de Júpiter. Su gravedad estira y aprieta a Ío en cada vuelta, como cuando amasas una pelota blanda, y eso funde parte de su interior. Y esto no se apaga nunca, porque sus lunas vecinas, Europa y Ganímedes, también tiran de ella, y siempre en el mismo punto de su vuelta. Por cada vuelta que da Ganímedes, Europa da dos e Ío da cuatro. Es como empujar un columpio siempre en el momento justo. Así la órbita de Ío nunca se vuelve redonda, y Júpiter la sigue amasando sin parar. La lava va tapando los cráteres, y el suelo de Ío se rehace solo. Saturno, el planeta de los anillos, es la tercera parada. Y rompe la regla de que lo grande y pesado se hunde. Saturno es gigantesco, pero es el único planeta del Sistema Solar menos denso que el agua. Si existiera una bañera tan grande, flotaría. Los anillos de Saturno, que parecen eternos, se están deshaciendo. Sus trocitos de hielo van cayendo hacia el planeta, como una lluvia. Según la NASA, cada media hora pierden agua como para llenar una piscina olímpica. Y calculan que podrían desaparecer en menos de cien millones de años. Parece mucho, pero Saturno tiene más de cuatro mil millones de años. Como dice el investigador que lo midió, hemos tenido suerte de llegar a tiempo de verlos. Encélado, una pequeña luna de Saturno, es la cuarta parada. Y mientras unos anillos se deshacen, ella alimenta otro. Y aquí se rompe la regla de que el agua cae hacia abajo. Encélado mide unos quinientos kilómetros de ancho, como de Madrid a Barcelona, y está cubierto de hielo. Por unas grietas de su polo sur, escupe agua al espacio. En dos mil veintitrés, el telescopio James Webb midió hasta dónde llega. Una columna de vapor de agua de más de nueve mil seiscientos kilómetros de largo. Más de veinte veces el tamaño de la propia luna. Ese hielo se queda dando vueltas a Saturno y forma uno de sus anillos, el anillo E. Y de paso, Encélado es lo que más luz refleja de todo el Sistema Solar. Titán, la luna más grande de Saturno, es la quinta parada, y es más grande incluso que el planeta Mercurio. Titán rompe dos reglas. La primera, que la lluvia es de agua. En Titán llueve, y hay ríos y mares, pero son de metano y etano, el gas natural de la cocina, que allí es líquido. Porque allí hace ciento setenta y nueve grados bajo cero. Con ese frío, el hielo de agua hace el papel que en la Tierra hace la roca. La segunda regla es que una luna se queda siempre a la misma distancia. En dos mil veinte se descubrió que Titán se aleja de Saturno unos once centímetros cada año. Cien veces más rápido de lo que se calculaba. Nuestra Luna también se aleja de la Tierra, pero tres coma ocho centímetros al año. Titán va casi tres veces más rápido. El planeta del cristal, la sexta parada, está fuera del Sistema Solar. Está a unos sesenta y cuatro años luz. Un año luz es lo que recorre la luz, lo más rápido que existe, en un año entero. Su nombre es de catálogo, HD uno ocho nueve siete tres tres be. Y rompe la regla de que la lluvia es agua que cae hacia abajo. Es azul, pero no por el agua. Es por unas partículas de silicato, el material del que se hace el vidrio. Está a unos novecientos grados, y con vientos de ocho mil setecientos kilómetros por hora, ese cristal caería de lado. En dos mil veinticuatro, el James Webb encontró en su aire sulfuro de hidrógeno, el gas que hace que los huevos podridos huelan como huelen. Era la primera vez que se veía en un planeta fuera del Sistema Solar. Hay muy poquito, y nadie lo ha olido, pero si pudieras acercarte, olería fatal. TrES dos be es un planeta a unos setecientos cincuenta años luz, y casi no tiene color. Es la séptima parada, y rompe la regla de que lo que está iluminado se ve. Es un gigante de gas del tamaño de Júpiter, y refleja menos del uno por ciento de la luz que le llega. Es más negro que el carbón, y que cualquier planeta o luna del Sistema Solar. Y todavía no se sabe del todo por qué. Pero está tan pegado a su estrella que da la vuelta en dos días y medio, y se calienta a casi mil grados. Así que brilla un poco en rojo, como una brasa. Una estrella de neutrones es lo que queda cuando explota una estrella mucho más grande que el Sol, de unas siete a diecinueve veces su masa. Es la octava parada, y rompe la regla de que lo pequeño pesa poco. Tiene más masa que el Sol, pero mide lo que una ciudad. Está tan apretada que un terrón de azúcar de esa materia pesaría en la Tierra unos mil millones de toneladas. Lo que pesa una montaña. Y algunas giran a lo loco. La más rápida que se conoce da setecientas dieciséis vueltas por segundo. Una estrella entera, girando el doble de rápido que una batidora de cocina. Su magnetismo, lo que en la Tierra mueve las brújulas, es miles de millones de veces más fuerte que el nuestro. Y en las más extremas, que se llaman magnetares, todavía mil veces más. Y si lo que queda se aprieta todavía más, ya ni la luz puede salir. Es un agujero negro. M ochenta y siete asterisco es un agujero negro enorme, en el centro de una galaxia a unos cincuenta y cinco millones de años luz. Es la novena parada, y rompe la regla más fuerte de todas, que la luz siempre puede salir. Tiene la masa de seis mil quinientos millones de soles. En dos mil diecinueve fue el primer agujero negro del que se consiguió una imagen. Pero lo que se ve no es el agujero. Es su sombra, rodeada de gas que brilla. El agujero de verdad empieza en el horizonte de sucesos. No es una superficie que puedas tocar. Es el punto de no retorno. A partir de ahí, nada puede salir, ni siquiera la luz. Y el de M ochenta y siete mide, de lado a lado, casi cuarenta mil millones de kilómetros. La nave que más lejos hemos mandado, la Voyager uno, está a unos veintiséis mil millones de kilómetros de la Tierra. Toda esa distancia cabría dentro del agujero negro, y sobraría sitio. La Voyager uno, la nave que más lejos hemos mandado, es la décima parada. Y rompe la última regla, la de que lejos es solo cuestión de tiempo. Salió de la Tierra en mil novecientos setenta y siete. Pasó por Júpiter y por Saturno, dos de nuestras paradas, y siguió hacia fuera. En dos mil doce salió al espacio que hay entre las estrellas. Hoy va a unos sesenta y un mil kilómetros por hora. Y en noviembre de dos mil veintiséis llega a un día luz de la Tierra. Su señal, que viaja a la velocidad de la luz, tarda un día entero en llegarnos. Nada fabricado por nosotros había llegado tan lejos. Casi cincuenta años de viaje, para llegar a un día luz. Ahora piensa en el agujero negro del centro de nuestra galaxia, Sagitario A asterisco. Está a unos veintisiete mil años luz. Años, no días. A la velocidad de la Voyager, si fuera hacia allí, tardaría casi quinientos millones de años. Ese viaje es justo el final de Orbit, el juego espacial que estoy desarrollando. En el juego, a Sagitario A asterisco se llega en cien saltos. Ese viaje es el de mi próximo vídeo, desde la Tierra hasta Sagitario A asterisco. Si quieres verlo, suscríbete. Y todo empezó con un planeta azul donde podría llover cristal, y que olería a huevos podridos. Cuéntame, ¿cuál de estas diez reglas rotas te ha costado más creerte?
Preguntas frecuentes
¿Qué luna de Saturno expulsa agua?
Encélado. Por unas grietas de su polo sur salen chorros de vapor de agua y granitos de hielo que llegan al espacio.
¿Hay un océano en Encélado?
Sí. La NASA concluyó, con los datos de la sonda Cassini, que los chorros salen de un océano global de agua salada bajo el hielo.
¿Hay vida en Encélado?
No se sabe. Tiene agua líquida, sales y moléculas con carbono, pero nadie ha encontrado vida.
Sus páginas en Planetas de Orbit
Cada lugar tiene su página con más datos, todos sus vídeos y su salto en el juego.
Fuentes
- NASA, Enceladus: 500 km, la superficie más reflectante del Sistema Solar, «rayas de tigre» relativamente cálidas, chorros descubiertos por Cassini en 2005 a unas 800 mph, sales, sílice, gases y orgánicos 20 veces más densos de lo esperado, océano global, hielo de 1-5 km en el polo sur y 20-25 km de media, anillo E.
- NASA, Webb y el penacho de Encélado (2023): más de 6.000 millas (9.600 km), más de 20 veces la luna, unos 79 galones (300 litros) por segundo. Artículo: Villanueva et al., Nature Astronomy (2023).
- NASA, Ocean Worlds: Encélado y Europa entre los mundos con océano.
La piscina en un par de horas es una cuenta mía: 2.500 m³ entre 300 litros por segundo da unas 2 horas y 20 minutos. En el Short, las imágenes rotuladas como ilustración no son fotos.





