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Ío, la luna de Júpiter con 400 volcanes

Ío tiene unos 400 volcanes, más que ningún otro sitio del Sistema Solar. Su calor no viene del Sol: Júpiter la estira y la aprieta sin parar.

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La luna con más volcanes es Ío, una luna de Júpiter: tiene unos 400, según la NASA, y algunos lanzan azufre a más de 300 km de altura. Es el sitio más volcánico del Sistema Solar. Y lo raro es que ese calor no viene del Sol, sino de Júpiter.

¿Cómo puede tener lava una luna tan lejos del Sol?

Porque Júpiter la amasa. Ío da una vuelta a Júpiter cada 42 horas y media, y su camino no es un círculo perfecto: unas veces está más cerca y otras más lejos. Así que la gravedad de Júpiter la estira y la afloja todo el rato, como cuando amasas una pelota blanda.

Su suelo llega a subir y bajar hasta 100 metros, la altura de un edificio de unas 30 plantas. Ese amasado produce tanta energía que derrite partes de su interior. Los datos de la nave Juno resolvieron una duda: no hay un océano de lava debajo de todo, sino que cada volcán tiene su propia bolsa de magma, de roca fundida.

¿Cuántos volcanes tiene Ío y cuántos están activos?

Unos 400 en total. Es una estimación de la NASA, y no están todos en erupción a la vez, pero sus erupciones parecen casi continuas.

Algunos lanzan penachos, columnas de gas y polvo que suben muchísimo. En 2007 la nave New Horizons fotografió el del volcán Tvashtar: 330 km de altura. La Estación Espacial vuela a unos 400 km de la Tierra, así que ese penacho llegaría a más de tres cuartas partes de su altura.

¿Por qué Ío es amarilla?

Por el azufre. Su superficie está cubierta de azufre fundido y de sus compuestos, que la pintan de amarillo, naranja y blanco. Por eso las fotos de Ío parecen una pizza.

Y casi no tiene cráteres: la lava los tapa más rápido de lo que se forman. Su cara se rehace sola.

¿Por qué los volcanes de Ío no se apagan?

Por sus vecinas. Europa y Ganímedes, otras dos lunas de Júpiter, van a un ritmo exacto con Ío: por cada vuelta de Ganímedes, Europa da dos e Ío da cuatro. Así coinciden siempre en los mismos puntos y sus tirones se suman, como empujar un columpio en el momento justo.

Esos tirones impiden que el camino de Ío se vuelva redondo. Y mientras no sea redondo, Júpiter la sigue amasando.

¿Qué vio la nave Juno en Ío?

Un lago de lava de unos 200 km. Entre diciembre de 2023 y febrero de 2024, Juno pasó a unos 1.500 km de Ío, lo más cerca que una nave había estado en más de 20 años. Fotografió Loki Patera, un lago de lava de unos 200 km de largo. La costra de su superficie es tan lisa que reflejaba el Sol como un espejo.

Ío es la segunda parada de mi vídeo largo 10 cosas del espacio que parecen falsas, y una de las paradas de Orbit, mi juego de Android. Más datos en la página de Ío. ¿Te atreverías a pisar una luna que se mueve bajo tus pies?

Los vídeos, uno a uno

Esta luna tiene 400 volcanes

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Lo que digo en el vídeo

Esta luna tiene unos cuatrocientos volcanes activos, y casi no paran. Es Ío, de Júpiter, y algunas erupciones lanzan azufre a más de trescientos kilómetros de altura. Júpiter la estira y la aprieta con su gravedad, y su suelo sube y baja hasta cien metros. Eso derrite parte de su interior: por eso está llena de lava y pintada de azufre. Y la sonda Juno vio un lago de lava de doscientos kilómetros, liso como el cristal. ¿Cuál es la siguiente: Europa, Titán o Ganímedes?

De Venus a un agujero negro: 10 cosas que parecen falsas

Ver en YouTube · · 9:20

Lo que digo en el vídeo

Hay un planeta donde podría llover cristal de lado, empujado por vientos de ocho mil setecientos kilómetros por hora. Y en dos mil veinticuatro, el telescopio James Webb encontró en su aire un gas que huele a huevos podridos. Ese planeta existe, y ni siquiera es lo más raro de este vídeo. Vamos a hacer un viaje desde la Tierra hacia fuera, cada vez más lejos. Son diez paradas, y en cada una se rompe una regla que en la Tierra damos por hecha. Venus, el planeta de al lado, es la primera parada. Y la regla que se rompe aquí es una de la Tierra, donde el Sol siempre sale por el este. En Venus, en cambio, el Sol sale por el oeste. Pasa porque Venus gira sobre sí mismo al revés que casi todos los planetas. Y gira tan despacio que, de un amanecer al siguiente, pasan casi ciento diecisiete días de la Tierra. Mientras el suelo casi no se mueve, las nubes dan la vuelta entera al planeta en unos cuatro días. Van con vientos de hasta trescientos sesenta kilómetros por hora. Es como si el planeta estuviera quieto y el cielo corriera a su alrededor. Venus está más lejos del Sol que Mercurio, y aun así su suelo está más caliente, a más de cuatrocientos sesenta grados. Ío, una luna de Júpiter, es la segunda parada. Y rompe otra regla de casa. En la Tierra, el suelo que pisas está quieto y es muy antiguo, pero en Ío sube y baja, y la lava lo cubre de nuevo sin parar. Ío tiene unos cuatrocientos volcanes activos. Es el sitio con más volcanes en marcha de todo el Sistema Solar. Y una luna, lejos del Sol, no debería tener tanto calor dentro. La culpa es de Júpiter. Su gravedad estira y aprieta a Ío en cada vuelta, como cuando amasas una pelota blanda, y eso funde parte de su interior. Y esto no se apaga nunca, porque sus lunas vecinas, Europa y Ganímedes, también tiran de ella, y siempre en el mismo punto de su vuelta. Por cada vuelta que da Ganímedes, Europa da dos e Ío da cuatro. Es como empujar un columpio siempre en el momento justo. Así la órbita de Ío nunca se vuelve redonda, y Júpiter la sigue amasando sin parar. La lava va tapando los cráteres, y el suelo de Ío se rehace solo. Saturno, el planeta de los anillos, es la tercera parada. Y rompe la regla de que lo grande y pesado se hunde. Saturno es gigantesco, pero es el único planeta del Sistema Solar menos denso que el agua. Si existiera una bañera tan grande, flotaría. Los anillos de Saturno, que parecen eternos, se están deshaciendo. Sus trocitos de hielo van cayendo hacia el planeta, como una lluvia. Según la NASA, cada media hora pierden agua como para llenar una piscina olímpica. Y calculan que podrían desaparecer en menos de cien millones de años. Parece mucho, pero Saturno tiene más de cuatro mil millones de años. Como dice el investigador que lo midió, hemos tenido suerte de llegar a tiempo de verlos. Encélado, una pequeña luna de Saturno, es la cuarta parada. Y mientras unos anillos se deshacen, ella alimenta otro. Y aquí se rompe la regla de que el agua cae hacia abajo. Encélado mide unos quinientos kilómetros de ancho, como de Madrid a Barcelona, y está cubierto de hielo. Por unas grietas de su polo sur, escupe agua al espacio. En dos mil veintitrés, el telescopio James Webb midió hasta dónde llega. Una columna de vapor de agua de más de nueve mil seiscientos kilómetros de largo. Más de veinte veces el tamaño de la propia luna. Ese hielo se queda dando vueltas a Saturno y forma uno de sus anillos, el anillo E. Y de paso, Encélado es lo que más luz refleja de todo el Sistema Solar. Titán, la luna más grande de Saturno, es la quinta parada, y es más grande incluso que el planeta Mercurio. Titán rompe dos reglas. La primera, que la lluvia es de agua. En Titán llueve, y hay ríos y mares, pero son de metano y etano, el gas natural de la cocina, que allí es líquido. Porque allí hace ciento setenta y nueve grados bajo cero. Con ese frío, el hielo de agua hace el papel que en la Tierra hace la roca. La segunda regla es que una luna se queda siempre a la misma distancia. En dos mil veinte se descubrió que Titán se aleja de Saturno unos once centímetros cada año. Cien veces más rápido de lo que se calculaba. Nuestra Luna también se aleja de la Tierra, pero tres coma ocho centímetros al año. Titán va casi tres veces más rápido. El planeta del cristal, la sexta parada, está fuera del Sistema Solar. Está a unos sesenta y cuatro años luz. Un año luz es lo que recorre la luz, lo más rápido que existe, en un año entero. Su nombre es de catálogo, HD uno ocho nueve siete tres tres be. Y rompe la regla de que la lluvia es agua que cae hacia abajo. Es azul, pero no por el agua. Es por unas partículas de silicato, el material del que se hace el vidrio. Está a unos novecientos grados, y con vientos de ocho mil setecientos kilómetros por hora, ese cristal caería de lado. En dos mil veinticuatro, el James Webb encontró en su aire sulfuro de hidrógeno, el gas que hace que los huevos podridos huelan como huelen. Era la primera vez que se veía en un planeta fuera del Sistema Solar. Hay muy poquito, y nadie lo ha olido, pero si pudieras acercarte, olería fatal. TrES dos be es un planeta a unos setecientos cincuenta años luz, y casi no tiene color. Es la séptima parada, y rompe la regla de que lo que está iluminado se ve. Es un gigante de gas del tamaño de Júpiter, y refleja menos del uno por ciento de la luz que le llega. Es más negro que el carbón, y que cualquier planeta o luna del Sistema Solar. Y todavía no se sabe del todo por qué. Pero está tan pegado a su estrella que da la vuelta en dos días y medio, y se calienta a casi mil grados. Así que brilla un poco en rojo, como una brasa. Una estrella de neutrones es lo que queda cuando explota una estrella mucho más grande que el Sol, de unas siete a diecinueve veces su masa. Es la octava parada, y rompe la regla de que lo pequeño pesa poco. Tiene más masa que el Sol, pero mide lo que una ciudad. Está tan apretada que un terrón de azúcar de esa materia pesaría en la Tierra unos mil millones de toneladas. Lo que pesa una montaña. Y algunas giran a lo loco. La más rápida que se conoce da setecientas dieciséis vueltas por segundo. Una estrella entera, girando el doble de rápido que una batidora de cocina. Su magnetismo, lo que en la Tierra mueve las brújulas, es miles de millones de veces más fuerte que el nuestro. Y en las más extremas, que se llaman magnetares, todavía mil veces más. Y si lo que queda se aprieta todavía más, ya ni la luz puede salir. Es un agujero negro. M ochenta y siete asterisco es un agujero negro enorme, en el centro de una galaxia a unos cincuenta y cinco millones de años luz. Es la novena parada, y rompe la regla más fuerte de todas, que la luz siempre puede salir. Tiene la masa de seis mil quinientos millones de soles. En dos mil diecinueve fue el primer agujero negro del que se consiguió una imagen. Pero lo que se ve no es el agujero. Es su sombra, rodeada de gas que brilla. El agujero de verdad empieza en el horizonte de sucesos. No es una superficie que puedas tocar. Es el punto de no retorno. A partir de ahí, nada puede salir, ni siquiera la luz. Y el de M ochenta y siete mide, de lado a lado, casi cuarenta mil millones de kilómetros. La nave que más lejos hemos mandado, la Voyager uno, está a unos veintiséis mil millones de kilómetros de la Tierra. Toda esa distancia cabría dentro del agujero negro, y sobraría sitio. La Voyager uno, la nave que más lejos hemos mandado, es la décima parada. Y rompe la última regla, la de que lejos es solo cuestión de tiempo. Salió de la Tierra en mil novecientos setenta y siete. Pasó por Júpiter y por Saturno, dos de nuestras paradas, y siguió hacia fuera. En dos mil doce salió al espacio que hay entre las estrellas. Hoy va a unos sesenta y un mil kilómetros por hora. Y en noviembre de dos mil veintiséis llega a un día luz de la Tierra. Su señal, que viaja a la velocidad de la luz, tarda un día entero en llegarnos. Nada fabricado por nosotros había llegado tan lejos. Casi cincuenta años de viaje, para llegar a un día luz. Ahora piensa en el agujero negro del centro de nuestra galaxia, Sagitario A asterisco. Está a unos veintisiete mil años luz. Años, no días. A la velocidad de la Voyager, si fuera hacia allí, tardaría casi quinientos millones de años. Ese viaje es justo el final de Orbit, el juego espacial que estoy desarrollando. En el juego, a Sagitario A asterisco se llega en cien saltos. Ese viaje es el de mi próximo vídeo, desde la Tierra hasta Sagitario A asterisco. Si quieres verlo, suscríbete. Y todo empezó con un planeta azul donde podría llover cristal, y que olería a huevos podridos. Cuéntame, ¿cuál de estas diez reglas rotas te ha costado más creerte?

Preguntas frecuentes

¿Qué luna tiene más volcanes?

Ío, una luna de Júpiter, con unos 400 volcanes según la NASA. Es el mundo más volcánico del Sistema Solar.

¿Por qué Ío tiene tantos volcanes?

Porque la gravedad de Júpiter la estira y la aprieta en cada vuelta, y eso derrite partes de su interior. Europa y Ganímedes mantienen ese efecto.

¿Por qué Ío es amarilla?

Por el azufre y sus compuestos, que cubren su superficie de amarillos, naranjas y blancos.

Sus páginas en Planetas de Orbit

Cada lugar tiene su página con más datos, todos sus vídeos y su salto en el juego.

Fuentes

El edificio de 30 plantas y las tres cuartas partes de la altura de la Estación Espacial son cuentas mías aproximadas.

  • Imagen: NASA/JPL/University of Arizona · original
  • Imagen: NASA/JPL-Caltech · original
  • Imagen: NASA/JPL/Space Science Institute · original