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El planeta donde podría llover cristal de lado

HD 189733 b, a unos 64 años luz, es azul y tiene vientos de 8.700 km/h: allí podría llover cristal de lado. Y su aire huele a huevo podrido.

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En HD 189733 b podría llover cristal, y de lado. Es un planeta azul a unos 64 años luz, con un calor de cientos de grados y vientos de unos 8.700 km/h que empujarían cualquier gota de vidrio en horizontal. Y en su aire hay un gas que huele a huevo podrido.

Lo de la lluvia es una hipótesis. Lo del viento y el olor, no: están medidos. Vamos por partes.

¿Dónde está HD 189733 b y qué significa su nombre?

Está fuera del Sistema Solar, dando vueltas a otra estrella. A unos 64 años luz: la luz, lo más rápido que existe, tarda 64 años en llegar desde allí. HD 189733 es el número de su estrella en un catálogo, y la «b» quiere decir que es el primer planeta que se le encontró, en 2005.

Es un gigante de gas parecido a Júpiter, pero pegado a su estrella. Mercurio, el planeta más cercano al Sol, está unas doce veces más lejos del Sol que este planeta de la suya. Así que allí hace un calor brutal.

¿Por qué HD 189733 b es azul como la Tierra?

Desde lejos, sería un punto azul intenso, como la Tierra vista desde el espacio. Ahí se acaba el parecido.

Ese azul no viene del agua. En 2013 el telescopio Hubble midió el color de su luz antes, durante y después de que el planeta pasara por detrás de su estrella. La explicación más aceptada es que tiene nubes altas con partículas de silicato, el material del que se hace el vidrio. Esas gotitas de vidrio rebotan más la luz azul que la roja, igual que nuestro cielo se ve azul.

¿De verdad llueve cristal en HD 189733 b?

Podría. Nadie ha visto esa lluvia: es lo que proponen la NASA y la ESA a partir del color. Lo que sí está medido es el viento.

En 2015, un telescopio en Chile (el espectrógrafo HARPS, en La Silla) miró la luz de la estrella atravesando el aire del planeta cuando pasaba por delante. El sodio de ese aire delató lo rápido que se mueve: más de 8.700 km/h. Unas diez veces la velocidad de un avión de pasajeros.

Con ese viento, una gota de vidrio no caería hacia abajo. Iría de lado, como granizo de cristal en un huracán.

¿Por qué se dice que huele a huevo podrido?

Porque en 2024 el telescopio James Webb encontró en su aire sulfuro de hidrógeno, el gas que da a los huevos podridos su olor. Era la primera vez que se detectaba en un planeta fuera del Sistema Solar.

Hay muy poquito. Pero si pudieras acercarte, olería fatal.

¿Qué temperatura hace en HD 189733 b?

Entre unos 900 y 1.200 grados centígrados, según el estudio. El del Webb de 2024 da unos 930; el del Hubble de 2013, casi 1.100 de día; la medida de la NASA de 2015, 1.200. Cualquiera de esas cifras derrite el plomo con margen.

En mi Short lo conté en menos de un minuto, y lo resumí después en «Todo esto existe de verdad», junto a una luna que escupe agua y un planeta tumbado. Es también la sexta parada de mi vídeo largo 10 cosas del espacio que parecen falsas, y una de las paradas de Orbit, mi juego de Android. Más datos en la página de HD 189733 b.

Los vídeos, uno a uno

Un planeta donde llueve cristal… de lado

Ver en YouTube · · 48 s

Lo que digo en el vídeo

Hay un planeta azul como la Tierra donde podría llover cristal… y además está de lado. Ese azul no es agua: viene de partículas de silicato en su atmósfera, el mismo material del que se hace el vidrio. Y allí el viento sopla unos ocho mil setecientos kilómetros por hora, así que ese cristal no caería: saldría disparado de lado. Los astrónomos lo llaman HD 189733 b, y está a unos sesenta y cuatro años luz de nosotros. Es una de las paradas obligatorias de Orbit, mi juego de Android en el que saltas de planeta en planeta. ¿Te ha parecido increíble? Te leo en comentarios.

Todo esto existe de verdad

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Lo que digo en el vídeo

Un planeta donde podría llover cristal, una luna que escupe agua y un planeta que gira tumbado: todo esto existe de verdad. Hoy termina la Semana Mundial del Espacio, y estos días te he contado curiosidades comprobadas con datos de la NASA y la ESA. Todos estos lugares los puedes visitar en Orbit, mi juego de Android de un solo toque. ¿Cuál te ha gustado más?

De Venus a un agujero negro: 10 cosas que parecen falsas

Ver en YouTube · · 9:20

Lo que digo en el vídeo

Hay un planeta donde podría llover cristal de lado, empujado por vientos de ocho mil setecientos kilómetros por hora. Y en dos mil veinticuatro, el telescopio James Webb encontró en su aire un gas que huele a huevos podridos. Ese planeta existe, y ni siquiera es lo más raro de este vídeo. Vamos a hacer un viaje desde la Tierra hacia fuera, cada vez más lejos. Son diez paradas, y en cada una se rompe una regla que en la Tierra damos por hecha. Venus, el planeta de al lado, es la primera parada. Y la regla que se rompe aquí es una de la Tierra, donde el Sol siempre sale por el este. En Venus, en cambio, el Sol sale por el oeste. Pasa porque Venus gira sobre sí mismo al revés que casi todos los planetas. Y gira tan despacio que, de un amanecer al siguiente, pasan casi ciento diecisiete días de la Tierra. Mientras el suelo casi no se mueve, las nubes dan la vuelta entera al planeta en unos cuatro días. Van con vientos de hasta trescientos sesenta kilómetros por hora. Es como si el planeta estuviera quieto y el cielo corriera a su alrededor. Venus está más lejos del Sol que Mercurio, y aun así su suelo está más caliente, a más de cuatrocientos sesenta grados. Ío, una luna de Júpiter, es la segunda parada. Y rompe otra regla de casa. En la Tierra, el suelo que pisas está quieto y es muy antiguo, pero en Ío sube y baja, y la lava lo cubre de nuevo sin parar. Ío tiene unos cuatrocientos volcanes activos. Es el sitio con más volcanes en marcha de todo el Sistema Solar. Y una luna, lejos del Sol, no debería tener tanto calor dentro. La culpa es de Júpiter. Su gravedad estira y aprieta a Ío en cada vuelta, como cuando amasas una pelota blanda, y eso funde parte de su interior. Y esto no se apaga nunca, porque sus lunas vecinas, Europa y Ganímedes, también tiran de ella, y siempre en el mismo punto de su vuelta. Por cada vuelta que da Ganímedes, Europa da dos e Ío da cuatro. Es como empujar un columpio siempre en el momento justo. Así la órbita de Ío nunca se vuelve redonda, y Júpiter la sigue amasando sin parar. La lava va tapando los cráteres, y el suelo de Ío se rehace solo. Saturno, el planeta de los anillos, es la tercera parada. Y rompe la regla de que lo grande y pesado se hunde. Saturno es gigantesco, pero es el único planeta del Sistema Solar menos denso que el agua. Si existiera una bañera tan grande, flotaría. Los anillos de Saturno, que parecen eternos, se están deshaciendo. Sus trocitos de hielo van cayendo hacia el planeta, como una lluvia. Según la NASA, cada media hora pierden agua como para llenar una piscina olímpica. Y calculan que podrían desaparecer en menos de cien millones de años. Parece mucho, pero Saturno tiene más de cuatro mil millones de años. Como dice el investigador que lo midió, hemos tenido suerte de llegar a tiempo de verlos. Encélado, una pequeña luna de Saturno, es la cuarta parada. Y mientras unos anillos se deshacen, ella alimenta otro. Y aquí se rompe la regla de que el agua cae hacia abajo. Encélado mide unos quinientos kilómetros de ancho, como de Madrid a Barcelona, y está cubierto de hielo. Por unas grietas de su polo sur, escupe agua al espacio. En dos mil veintitrés, el telescopio James Webb midió hasta dónde llega. Una columna de vapor de agua de más de nueve mil seiscientos kilómetros de largo. Más de veinte veces el tamaño de la propia luna. Ese hielo se queda dando vueltas a Saturno y forma uno de sus anillos, el anillo E. Y de paso, Encélado es lo que más luz refleja de todo el Sistema Solar. Titán, la luna más grande de Saturno, es la quinta parada, y es más grande incluso que el planeta Mercurio. Titán rompe dos reglas. La primera, que la lluvia es de agua. En Titán llueve, y hay ríos y mares, pero son de metano y etano, el gas natural de la cocina, que allí es líquido. Porque allí hace ciento setenta y nueve grados bajo cero. Con ese frío, el hielo de agua hace el papel que en la Tierra hace la roca. La segunda regla es que una luna se queda siempre a la misma distancia. En dos mil veinte se descubrió que Titán se aleja de Saturno unos once centímetros cada año. Cien veces más rápido de lo que se calculaba. Nuestra Luna también se aleja de la Tierra, pero tres coma ocho centímetros al año. Titán va casi tres veces más rápido. El planeta del cristal, la sexta parada, está fuera del Sistema Solar. Está a unos sesenta y cuatro años luz. Un año luz es lo que recorre la luz, lo más rápido que existe, en un año entero. Su nombre es de catálogo, HD uno ocho nueve siete tres tres be. Y rompe la regla de que la lluvia es agua que cae hacia abajo. Es azul, pero no por el agua. Es por unas partículas de silicato, el material del que se hace el vidrio. Está a unos novecientos grados, y con vientos de ocho mil setecientos kilómetros por hora, ese cristal caería de lado. En dos mil veinticuatro, el James Webb encontró en su aire sulfuro de hidrógeno, el gas que hace que los huevos podridos huelan como huelen. Era la primera vez que se veía en un planeta fuera del Sistema Solar. Hay muy poquito, y nadie lo ha olido, pero si pudieras acercarte, olería fatal. TrES dos be es un planeta a unos setecientos cincuenta años luz, y casi no tiene color. Es la séptima parada, y rompe la regla de que lo que está iluminado se ve. Es un gigante de gas del tamaño de Júpiter, y refleja menos del uno por ciento de la luz que le llega. Es más negro que el carbón, y que cualquier planeta o luna del Sistema Solar. Y todavía no se sabe del todo por qué. Pero está tan pegado a su estrella que da la vuelta en dos días y medio, y se calienta a casi mil grados. Así que brilla un poco en rojo, como una brasa. Una estrella de neutrones es lo que queda cuando explota una estrella mucho más grande que el Sol, de unas siete a diecinueve veces su masa. Es la octava parada, y rompe la regla de que lo pequeño pesa poco. Tiene más masa que el Sol, pero mide lo que una ciudad. Está tan apretada que un terrón de azúcar de esa materia pesaría en la Tierra unos mil millones de toneladas. Lo que pesa una montaña. Y algunas giran a lo loco. La más rápida que se conoce da setecientas dieciséis vueltas por segundo. Una estrella entera, girando el doble de rápido que una batidora de cocina. Su magnetismo, lo que en la Tierra mueve las brújulas, es miles de millones de veces más fuerte que el nuestro. Y en las más extremas, que se llaman magnetares, todavía mil veces más. Y si lo que queda se aprieta todavía más, ya ni la luz puede salir. Es un agujero negro. M ochenta y siete asterisco es un agujero negro enorme, en el centro de una galaxia a unos cincuenta y cinco millones de años luz. Es la novena parada, y rompe la regla más fuerte de todas, que la luz siempre puede salir. Tiene la masa de seis mil quinientos millones de soles. En dos mil diecinueve fue el primer agujero negro del que se consiguió una imagen. Pero lo que se ve no es el agujero. Es su sombra, rodeada de gas que brilla. El agujero de verdad empieza en el horizonte de sucesos. No es una superficie que puedas tocar. Es el punto de no retorno. A partir de ahí, nada puede salir, ni siquiera la luz. Y el de M ochenta y siete mide, de lado a lado, casi cuarenta mil millones de kilómetros. La nave que más lejos hemos mandado, la Voyager uno, está a unos veintiséis mil millones de kilómetros de la Tierra. Toda esa distancia cabría dentro del agujero negro, y sobraría sitio. La Voyager uno, la nave que más lejos hemos mandado, es la décima parada. Y rompe la última regla, la de que lejos es solo cuestión de tiempo. Salió de la Tierra en mil novecientos setenta y siete. Pasó por Júpiter y por Saturno, dos de nuestras paradas, y siguió hacia fuera. En dos mil doce salió al espacio que hay entre las estrellas. Hoy va a unos sesenta y un mil kilómetros por hora. Y en noviembre de dos mil veintiséis llega a un día luz de la Tierra. Su señal, que viaja a la velocidad de la luz, tarda un día entero en llegarnos. Nada fabricado por nosotros había llegado tan lejos. Casi cincuenta años de viaje, para llegar a un día luz. Ahora piensa en el agujero negro del centro de nuestra galaxia, Sagitario A asterisco. Está a unos veintisiete mil años luz. Años, no días. A la velocidad de la Voyager, si fuera hacia allí, tardaría casi quinientos millones de años. Ese viaje es justo el final de Orbit, el juego espacial que estoy desarrollando. En el juego, a Sagitario A asterisco se llega en cien saltos. Ese viaje es el de mi próximo vídeo, desde la Tierra hasta Sagitario A asterisco. Si quieres verlo, suscríbete. Y todo empezó con un planeta azul donde podría llover cristal, y que olería a huevos podridos. Cuéntame, ¿cuál de estas diez reglas rotas te ha costado más creerte?

Preguntas frecuentes

¿En qué planeta llueve cristal?

En HD 189733 b, un gigante de gas a unos 64 años luz. Es una hipótesis de la NASA y la ESA a partir de su color azul; nadie ha visto esa lluvia.

¿Por qué HD 189733 b es azul?

Por nubes altas con partículas de silicato, el material del vidrio, que devuelven más la luz azul que la roja. Es la explicación más aceptada.

¿Qué gas huele a huevo podrido en HD 189733 b?

El sulfuro de hidrógeno. El telescopio James Webb lo detectó en 2024, la primera vez en un planeta fuera del Sistema Solar.

Sus páginas en Planetas de Orbit

Cada lugar tiene su página con más datos, todos sus vídeos y su salto en el juego.

Fuentes

La distancia de unos 64 años luz es la del vídeo; la NASA la redondea a 63. Las imágenes del planeta en el Short son ilustraciones, no fotos: no hay ninguna foto de HD 189733 b.

  • Ilustración, no es una foto Imagen: NASA, ESA, M. Kornmesser · original
  • Imagen: NASA/JPL-Caltech · original